Toñito tiene 23 años. Hace aproximadamente 6 años que somos amigos. Estudiamos en la misma universidad y fuimos compañeros de tesis. Toñito tiene un corazón noble. Es sensible, sincero, un poco tímido, demasiado inteligente; no sé cómo lo ha logrado pero maneja una cantidad de temas que realmente me sorprende. A Toñito le gusta leer, el anime, el cine-arte y escribir. Si de alguien puedo esperar una amistad incondicional y eterna, es de él.
La Señora Vilma, más que su madre, ha sido su alcahueta; le ayudaba en sus planes para hacerle creer a Toño Padre que sí iba a la universidad, lo defendía de su hermana (no importando quién tuviera la razón) y hasta le alistaba los libros que Toñito debía llevar a la universidad. Si queríamos saber donde estaban los cuadernos de primer semestre, los exámenes, las camisas o los calzones de Toñito; había que preguntarle a Vilma.
Toño Padre siempre estaba en casa. Podíamos encontrarlo frente al televisor o cerca de la puerta de la calle. Siempre hallaba la forma de contarnos cómo se había ganado a pulso y honestamente su pensión en Telecom. Toño siempre quiso, infructuosamente, que su hijo fuera deportista igual que él, así que lo obligaba a practicar softball, fútbol, natación, a trotar a orillas de la playa... Lo hizo hasta que Toñito tuvo la edad suficiente para rebelarse y no pudo obligarlo más. Toño ahora se dedica a cultivar patillas, discutir bobadas y chismes con Vilma, tapiza muebles y riega las matas, incluso, cuando llueve.
Nerys es la hermana mayor de Toñito. No sé cuántos años hay entre ellos pero son los suficientes como para no tener intereses o actividades comunes y pelear seguido. “Nunca nos hemos levantado una mano o insultado. Un día le dije una vulgaridad y ella se puso a llorar. Nunca mas le he vuelto a decir una”. Me dijo Toñito una vez, resaltando el respeto que existe entre ellos. Nerys es la dueña de un 60% -si incluimos el bachillerato, sería un poco más- del diploma de ingeniero de su hermano y hasta del mío; gracias a sus excelentes trabajos pudimos dedicarnos a excursionar a lo largo y ancho de Puerto Colombia. Dicen las malas lenguas que cuando Toñito estaba recién nacido, Nerys, celosa porque le robaba la atención, lo acostó debajo de la cama y, como al más pequeño de los Buendía, a Toñito, casi se lo llevan las hormigas por suerte, solo le picaron.
Toño trabaja en Bogotá desde hace 7 meses. Algo difícil para quien toda su vida ha vivido bajo el manto de protección de su familia. A continuación, Toñito habla de porque se atrevió a, como el mismo dijo, romper la burbuja.
Me pediste que escribiera algo y las palabras no vienen a mí. De tanto codificar, las únicas palabras que puedo musitar son MessageBox.Show o textBox.enabled(Ja!). Quién sabe, tal vez ya pasaron aquellos tiempos donde podía escribir cualquier cosa a partir de mi frase célebre: “Desde el principio de los tiempos…”.
En fin ya sé que escribir. De cuando viaje a Bogotá por primera vez. No sé si lo sabes pero mi viaje fue muy repentino; hice la entrevista y requerían que en día y medio estuviera ya en Bogotá. Quise despedirme de mucha gente y no pude. Lo que nunca imaginé fue el miedo tan intenso que sentí al salir de mi casa. Pensé: ¿Qué estás haciendo? vas a llegar a una ciudad extraña, gélida y muy hostil. No sabes dónde vas a dormir y lo peor ¡El que te va a recoger es José Luís*!
Las caras de mis padres no ayudaban mucho. Se veían muy preocupados y mi hermana, muy triste. Llegué a pensar, que lo mejor era no ir a ningún lado, lo cómodo que era mi cuarto y el colchón recién comprado. ¡Pa’ que arriesgarte, si en la burbuja estas seguro!
Quién pensaría que, al llegar al Terminal de buses, todo cambiaría. Ahí estaban ellos; mis amigos, compañeros de aventuras y proezas. Quienes, literalmente, con su desorden, se llevaron todos mis miedos. Me recargaron con sus buenos deseos y con sus risas alborotaron todo el lugar (algo ya muy usual). Aún recuerdo las risas de las personas en el bus cuando me subí. La persona en la silla a mi lado me preguntó, si conocía a las tres pulguitas que estaban haciendo una corografía. Hasta me dieron ítems, que no son como las flechas de fuego de link, pero cómo me llenan de fuerza: La gorra de Rodo; compadre incomparable al que le debo mucho. La cobija de Luchy; que me quita el frío y Tama que es la que abrazo cuando estoy triste.
Sí, fue esto lo que me llenó de ganas. Sí, así descubrí lo importante que ellos son; cuánto los quiero, y lo afortunado que soy al estar rodeado de gente tan diferente. Única y valiosa.
En fin, ya dije porque me vine. Quiero terminar diciendo una de las razones por las que no salgo corriendo y regreso a mi lugar seguro: una frase que quedó marcada en mí. La escribió una personita y cada vez que quiero dejar todo a medias la recuerdo: “…No quiero que regreses por ahora, no con las manos vacías, deseo que puedas preñarte de nuevos sueños y recuperar los que la vida te ha hecho abortar. Y doy gracias a Dios por que ¡por fin tienes celular!”. (Jajá es típico en ella). Creo que lo estoy logrando. Creo que soy mejor; por lo menos ya sé cocinar y tengo celular.
*Un amigo mutuo que es bastante despistado, desordenado, no se baña y se pierde con frecuencia en su natal Barranquilla y con mucha más frecuencia en Bogotá.
PD: Hace unos días Toñito volvió a Barranquilla y nosotros a Puerto Colombia. Es raro que, viviendo fuera de la ciudad, sea él quién, a mi manera de ver, nos mantenga unidos. Te quiero Toñito y si yo hace rato te perdoné ¿Cuánto más Dios?